"Sentirse bien, sentirse mal"

Este modelo de terapia es especialmente aplicado a adolescentes, aunque nada impide ponerse un poco creativo y realizarlo con otra población. Para comenzar, diremos que esta técnica está fundamentada en la Teoría del apego de Bowlby (1982) y la Teoría de Comunicación Afectiva de Tronick (1989).  Originalmente, este procedimiento estaba pensado para aplicarse en niños con padres adoptivos, sin embargo, ahora se utiliza para mejorar la relación entre la figura paterna y el adolescente.

Los objetivos principales de la técnica son:
- Mejorar la comunicación.
- Descubrir y aplicar estrategias sanas para la resolución de problemas.
- Formar el vínculo entre padres e hijos.

La estructura para una sesión de terapia con la técnica Sentirse bien, sentirse mal, consta de tres momentos: 1- Conversación. 2- Juego Diádico. 3- Juego Libre.

Durante la conversación, padre e hijo se deben sentar frente a frente pare facilitar el contacto ocular directo. En este momento ambas partes hacen la pregunta "¿Qué hice esta semana que te hizo sentir bien/mal?". Luego se identifica la problemática y se busca una solución.
En el segundo momento, el juego diádico, el terapeuta prepara una actividad en la que involucre al padre y al hijo, esto con el fin de disminuir la tensión que pudo haber generado la conversación, además de mejorar el vínculo.
En el tercer y último momento, el juego libre, el adolescente es quien decide qué jugar y si decide involucrar a su padre o a su terapeuta.

Es importante mencionar que durante los tres momentos el terapeuta se mantiene directivo, es decir, es quien dirige la sesión. Es el encargado de ayudar a identificar los sentimientos y crear un ambiente libre de críticas.





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